“Akelarre”: una historia de sororidad y sexo

“Akelarre”, una película estrenada en Netflix que ha ganado popular recientemente. Su nombre de origen vasco hace referencia a la reunión de brujas que realizan rituales y hechizos en adoración al Diablo. Esta cinta cuenta la historia de las jóvenes Ana, María, Olaia, Katalin, Maiden y Oneka, quienes se dedican a labores comunitarias mientras los hombres trabajan mar adentro y están afuera del pueblo.

A las hermanas Ana y María, junto a sus amigas, les gusta elevar y dedicar cantos a sus maridos, novios y hombres de sus vidas. En los ratos libres, les encanta bailar en medio del bosque, reírse, echar los cuentos. Pero estas actividades son estigmatizadas y sentenciadas por el juez Rostegui, apoyado por el párroco de la comunidad. A ellas se les acusa de cometer crímenes, se les acusa de ser brujas.

La película «Akelarre», dirigida por Pablo Agüero, ganó cinco premios Goya, entre los que destacan las categorías “Mejor dirección artística”, “Mejores efectos especiales” y “Mejor música original”, entre otros. La fotografía y dirección son excepcionales, se caracteriza por tener una buena iluminación y contrastes en todas sus escenas.

Este filme fue grabado en los bosques, costas y poblados del País Vasco, Euskal Herria, lugar en que tiempo atrás se caracterizó por padecer la cacería, feminicidios y juicios hacia mujeres, señaladas de “brujas”, por parte de la iglesia y la monarquía española durante el siglo XVII.

El diálogo y guión de “Akelarre” se presenta, al mismo tiempo, en vasco y en castellano; exponiendo así la resistencia de lenguas originarias, como ocurrió con el euskera, que ha sido históricamente prohibido por los reinados y dictaduras de España.

            Asimismo, es una película que pretende visibilizar temas relacionados a cómo la sororidad da un viraje al destino de las protagonistas. Sin embargo, también expone algunas escenas sexuales, clichés y redundantes, que sólo buscan complacer la mirada masculina del espectador desde la postura comercial que asumen los creadores como parte de su narrativa.

Es decir, más que hacer crítica al símbolo y estereotipo de la bruja, que se refiere a la “puta”, “pecadora” y “mala madre-hija” en nuestra historia occidental, con “Akelarre” se sigue ratificando la idea de que las mujeres usan (usamos) el sexo como herramienta de manipulación para pervertir a los hombres. Todo esto con el fin de conseguir la “liberación” femenina en un contexto fuertemente genocida donde las instituciones, moralmente correctas, nos juzgan, queman, asesinan o ejecutan. Así fue el desenlace simplista de la historia. Tal vez, por tal motivo no la vería dos veces esta película.

Pero, en síntesis, Akelarre, con “k”, es una producción audiovisual que intenta expresarnos la sororidad entre mujeres víctimas de las violencias directas del pacto patriarcal y el machismo. Inclusive, es un relato que, no explícitamente, te habla un poco sobre racismo, xenofobia y persecución hacia las comunidades y grupos sociales que alguna vez –aún- se rebelan en contra del sistema hegemónico.

     Aun cuando la película presenta algunas debilidades narrativas, hay elementos que sirven entorno a la necesidad de visibilizar al patriarcado y sus expresiones sistemáticas contra las mujeres. Es por esto que te recomiendo ver “Akelarre”, y más te recomiendo luchar como las nietas de las brujas que nunca pudieron quemar.

Laura Cano

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