Historias de Vida. Carúpano, estado Sucre, 2026
Estas historias de vida se desarrollan en Carúpano, estado Sucre, y están profundamente conectadas entre sí. Dubraska, cuya historia abre este recorrido, es profesora de danza de Xiorannys, la niña de la segunda historia. Lo que comenzó como un proceso personal de sanación para Dubraska, con el tiempo se transformó en una forma de acompañar a otras, permitiéndole reconocer en su alumna señales de alerta y contribuir a que ella y su madre accedieran a apoyo oportuno. Ambas historias se entrelazan también a través del acompañamiento de Tinta Violeta, organización que ha sido clave en sus procesos de recuperación y fortalecimiento.
Con más de tres años de presencia continua en Carúpano, Tinta Violeta ha trabajado en la atención de la Violencia Basada en Género (VBG). Gracias al apoyo financiero del Fondo Humanitario de Venezuela y al fortalecimiento de su equipo multidisciplinario, la organización ha logrado una respuesta integral y cercana, alcanzando a más de 7.500 personas del Municipio Bermúdez con atención en protección, protección de la niñez, VBG y apoyo alimentario complementario. Estas actividades propiciaron una atención digna para 44% mujeres, 22% niñas, 17% hombres y 17% niños, y abarcó más de 50 comunidades, entre ellas Patria Bolivariana, Manuel Salvador Salinas, El Muco, Guayacán de las Flores, Canchunchú, Playa Grande y Tacoa.
Este enfoque ha generado un impacto importante en niñas, niños, adolescentes y sus cuidadores, a través de la atención especializada en Violencia Contra la Niñez (VCN) y la promoción de la crianza positiva. Las accciones han sido integrales, atendiendo casos complejos que antes permanecían invisibles y fortaleciendo el entorno protector. Además, la articulación con el sector de seguridad alimentaria provee un apoyo concreto a las familias, creando un “anillo protector” que amortigua la preocupación diaria por la alimentación y les permite enfocarse en su recuperación.
El fortalecimiento de la protección comunitaria se logró mediante la articulación con centros de salud, instituciones universitarias y educativas, así como organizaciones y espacios comunitarios y de protección ciudadana. El trabajo se desarrolló junto a las comunidades a través de asambleas, mecanismos de escucha activa y toma de decisiones compartida.
Este acompañamiento, colectivo y sostenido es lo que hace posible historias como las que se comparten a continuación.
Dubraska Nathaly La Rosa
Mi nombre es Dubraska Nathaly La Rosa, tengo 28 años y soy de Carúpano, estado Sucre, donde actualmente sigo viviendo.
Soy coordinadora de danza nacionalista, danza contemporánea, ballet clásico y neoclásico en la Escuela de Ballet y Danza Domingo Ignacio Renault.
Aunque fui una niña y adolescente feliz y segura, hubo un momento en mi vida en el que dejé de reconocerme. Me sentía insegura, apagada, como si no tuviera fuerza. Viví durante seis años una relación que parecía estable, pero en la que hubo maltrato psicológico. Con el tiempo entendí que las palabras pueden doler profundamente, porque se quedan en la mente y cambian la forma en que una se ve a sí misma.
Crecí en un entorno donde ciertos patrones eran normales: el hombre decide y la mujer se queda en casa. Yo no quería eso para mi vida, pero sin darme cuenta lo estaba viviendo. Hasta que un día me hice una pregunta que lo cambió todo: si no quiero esto, ¿por qué lo estoy permitiendo?
Fue entonces cuando, a través de un contacto cercano, llegué a Tinta Violeta. Desde el primer momento sentí que no estaba sola. Recibí apoyo psicológico, herramientas para entender lo que estaba viviendo y acompañamiento constante en mi proceso. Poco a poco fui recuperando mi seguridad y reconectando con quien quería ser. Ese acompañamiento marcó una diferencia real en mi vida.
Con el tiempo, entendí que mi proceso también podía servir para acompañar a otras. Desde mi rol como profesora de danza, comencé a observar más, a escuchar más allá de las palabras.
Así fue como noté en una de mis alumnas algo que me resultaba familiar: estaba callada, triste, desconectada. Era Xiorannys. Desde la empatía, decidí no dejar pasar esas señales. Con cuidado, orienté a su mamá para que buscara apoyo en Tinta Violeta. Sabía que ese paso podía hacer una gran diferencia.
Hoy me siento capaz. Soy bailarina, maestra y también alguien que cree profundamente en la importancia de acompañarnos. Nadie debería pasar por estos procesos en soledad.
Xiomarys Marchán y Xiorannys
Soy Xiomarys Marchán, tengo 37 años y soy de Carúpano. Llegué a Tinta Violeta después de separarme de mi expareja, una situación que nos afectó mucho, especialmente a mi hija Xiorannys.
Después de la separación, mi hija comenzó a cambiar. Estaba triste, desmotivada, y sus notas bajaron.
Después de la separación, mi hija comenzó a cambiar. Estaba triste, desmotivada, y sus notas bajaron. Desde el liceo y también desde sus clases de danza —donde su profesora ya había notado estos cambios— me alertaron. Fue esa orientación la que me llevó a buscar ayuda.
Llegamos sintiéndonos muy mal, pero desde el primer momento fuimos acompañadas. Mi hija recibió atención psicológica y poco a poco comenzó a sentirse mejor. En mi caso, también fui entendiendo cosas que antes no veía. Mi expareja, aunque ya tenía otra relación, seguía entrando y saliendo de la casa. Yo no sabía que eso también era una forma de violencia psicológica. Con el acompañamiento, pude reconocerlo y tomar decisiones. Puse límites y decidí seguir adelante por mí y por mis hijos. También recibí herramientas para acompañar mejor a mi hija, entender lo que estaba sintiendo y apoyarla en su proceso. Mantenerla en la danza fue muy importante para su recuperación. Hoy me siento más fuerte, más segura y con claridad para seguir adelante.
La voz de Xiorannys
Soy Xiorannys de León, tengo 13 años. Me gusta bailar, estudiar y apoyar a mi familia. Cuando llegué a Tinta Violeta me sentía muy triste. No quería hablar ni hacer nada. Poco a poco, con el apoyo de la psicóloga y los ejercicios, fui cambiando. Hoy me siento feliz. Sigo bailando tambor y calipso, y eso me ayuda mucho. En la danza también encontré apoyo. Mi profesora se daba cuenta cuando algo no estaba bien, incluso cuando yo no decía nada. Ahora, cuando veo a alguna compañera triste, le digo que busque ayuda. Yo pasé por eso, y sé que recibir apoyo puede hacer una gran diferencia.
Las historias de Dubraska y Xiorannys muestran cómo un proceso de sanación puede ir más allá de lo personal. Una mujer que recibió apoyo luego pudo acompañar a otras. Una niña que fue escuchada hoy también puede tender la mano. Así, el trabajo de Tinta Violeta no solo transforma vidas, sino que fortalece redes de cuidado en las comunidades. Son historias distintas, pero unidas por algo esencial: el acompañamiento oportuno que permite volver a sentirse fuerte, capaz y con esperanza.
Este proyecto ha sido posible gracias al apoyo del Fondo Humanitario Venezuela (2026)

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