Yusmary Cedeada

Yusmary Cedeada, nos refugiamos en la idea de un hogar

Mi nombre es Yusmary Cedeada. Desde el 17 de julio estoy en el campamento transitorio Licenciado Francisco Aranda. Antes estuve en el campamento de La Marítima, porque perdí en su totalidad mi apartamento, ubicado en Playa Grande, en la residencia Luisa Cáceres de Arismendi. Aquí estoy con mi hijo de ocho años.

La atención aquí ha sido muy buena. Estamos relativamente más cómodos, como en la casa de uno. Y eso, en medio de todo, ha significado mucho: hemos recibido muchas atenciones y ayuda de diferentes personas.

El acompañamiento de Tinta Violeta

Nosotros estábamos dentro del apartamento cuando ocurrió el terremoto, en el piso nueve. Mi hijo quedó traumado. Un día me dijo: «Mamá, quiero olvidar eso, necesito olvidarlo». Tiene ocho años, pero es un niño muy inteligente y pila.

Cuando llegaron las muchachas de Tinta Violeta ofreciendo apoyo, él mismo se acercó a ellas y les dijo que quería que lo ayudaran a olvidar lo que vivió en el terremoto. Ellas lo anotaron y nosotros hemos ido. Primero fue conmigo, porque necesitaban escucharme a mí, referente al niño, todas las vivencias. Y luego fue mi hijo. Ha estado más tranquilo. De verdad que sí nos hemos sentido muy bien con la atención psicológica que nos han brindado.

Al principio del terremoto él no dormía bien, y todavía hay ruidos que lo ponen en alerta rápidamente. A veces está tranquilo y de pronto me dice: «Mamá, no quiero que vuelva a temblar». Aquí, con los ruidos de los aviones, también lo pone muy mal. Sé que eso llevará su tiempo, es un proceso, pero sí le ha ayudado.

Foto: Maureen Riveros / Tinta Violeta

Lo que se perdió

Tu espacio es refugio, es un techo. Es el esfuerzo de años. Viví muchos años alquilada, y con mi hijo logramos obtener esa vivienda. Tres años y medio tenía viviendo allí. Todas nuestras cosas las perdimos. Pérdida total. Incluso el sábado la implosionaron.

En un momento pensamos: «Ya estamos, ya no necesitamos más cosas para sentir que tenemos un hogar, ya estamos listos aquí», y vino el terremoto y nos quedamos sin nada. Lloré mucho, porque es mi esfuerzo, el espacio donde estaba creciendo mi hijo. Nunca había estado en esta situación, nunca había estado en un refugio. Y, aun así, sigo esperanzada en que la situación mejore y podamos obtener nuevamente nuestro hogar, aunque tengamos que empezar de cero.

El duelo que todavía no llega

Yo creo que aún no he procesado esto, ni es algo que voy a olvidar o superar de la noche a la mañana, porque fue terrible, fue horrible lo que vivimos. Ahorita estoy con muchas personas y eso como que lo tiene a uno calmado, porque no te sientes sola. Pienso que en el momento que ya esté sola en un nuevo lugar con mi hijo, ahí es donde va a empezar realmente a vivir el duelo de esa pérdida.

Mucha gente te dice: «Pero no perdiste a tu hijo, están vivos». Sí, pero perdí mi hogar, mi estabilidad, mis cosas, que fue algo que con mucho esfuerzo y muchos años pude obtener. Ahorita no he tenido tiempo de vivirlo, porque tengo personas a mi alrededor que me dicen «quédate tranquila, no te preocupes», y está también la ayuda de las psicólogas, que ha sido muy importante porque me han dado herramientas para superar el miedo propio y el de mi hijo. Estamos mentalizados en que tenemos que buscar para dónde ir, buscar casa. Nos refugiamos en eso: en la idea de un hogar que todavía no tenemos pero que no dejamos de esperar.

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Tinta Violeta ofrece servicios gratuitos de atención psicológica, gestión de casos y asesoría legal. Ante la emergencia ocurrida el 24 de junio de 2026 tras el doble terremoto, nuestra organización se trasladó directamente a los campamentos provisorios para brindar atención y acompañamiento a las personas afectadas, una labor hecha posible gracias a la alianza estratégica con CARE dentro de la Alianza Humanitaria Holandesa (Dutch Relief Alliance).

 En este marco, la acción territorial desplegada en Caracas y La Guaira ha logrado impactar de manera directa a más de 1.600 personas en sus primeros meses de implementación. Centrando los esfuerzos en la protección integral y la prevención de la Violencia Basada en Género (VBG), el proyecto superó las metas iniciales de sensibilización al llevar información preventiva clave a 1.211 personas (representando un 124 % de avance en este pilar), promoviendo entornos comunitarios más seguros. A la par, esta respuesta ha brindado atención oportuna y especializada a personas sobrevivientes o en situación de riesgo de Violencia Basada en Género, así como servicios de protección general y apoyo psicosocial a niñas, niños y adolescentes. Más allá de las cifras, este trabajo sostenido se traduce en la construcción de espacios seguros, la escucha activa y un acompañamiento cercano y amoroso a las personas de las comunidades atendidas.

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