Para cuando Fritz Perls, Lore Posner, Goodman y Hefferline dieron origen a la psicoterapia Gestalt, no había nacido Judith Butler, la filosofa feminista estadounidense referencia en las teorías de género (especialmente la teoría queer) postestructuralistas, posmodernistas y antiesencialistas; y, aunque nada sugiere una influencia directa de los feminismos en las raíces doctrinales de la Gestalt, por más que el esposo de Simone ocupe un lugar relevante en las mismas, gusto de pensar que bien habría compaginado la aproximación al género de la filosofa, con quien Perls comparte orígenes, con la rama cercana pero alterna al psicoanálisis del enfoque gestáltico, para encaminarse a una psicoterapia libre de patriarcado. Ese no es el caso.

Ahora bien, me es sabido que no pocas personas se toparan con estas reflexiones sin conocer qué es la Gestalt; adelanto que la intención del escrito no es formular un tratado psicológico o psicoterapéutico, y bien vale la advertencia acerca del hecho que en la búsqueda autónoma del tema, no faltarán opiniones respecto a una supuesta falta de base teórica sólida que sostenga a la Gestalt, y sí habrá muchas críticas al «patuque» filosófico que le compone.

Así es la Gestalt, un enfoque vivo en construcción, que trasciende a sus fundadoras y fundadores, que permite tomar elementos caracterizadores para los principios de la organización de la vida y las relaciones, y que encuentro muy útiles para el acompañamiento amoroso a mujeres en situación de violencia.

A partir de este marco, y de cara a la responsabilidad asumida de ser parte de una colectiva feminista y de una Red que acompaña a mujeres, niñas, niños y adolescentes en situación de violencia machista en un contexto de desprotección e inseguridad, encuentro importante potenciar, en quienes asumimos este rol de dar respuesta y salvar vidas desde la diversidad de funciones que precisa la Red, las siguientes características, todas con origen en el enfoque psicoterapéutico de la Gestalt, las cuales se exponen como capacidades a crear y fortalecer, pero sobre todo, como páginas por seguir escribiendo colectivamente.

1. Sensibilidad

Respecto a la situación de violencia machista que viven mujeres, niñas, niños, adolescentes y la sociedad toda, especialmente aquella sensibilidad alcanzada haciendo trabajo social, organizativo, comunitario, activista y voluntario por los derechos humanos, el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia y en materia de protección de niñas, niños y adolescentes.

2. Responsabilidad

De sí, como ser humano que está en el mundo relacionándose y afectando a otres. Con capacidad, ante las experiencias y sus consecuencias, de identificar aquello que depende exclusivamente de sí, lo que no y que involucra a otres para así decidir, asertiva, oportuna y armoniosamente qué hacer, en plena consciencia de los límites de su accionar, sin confluir o solaparse con la experiencia ajena, preservando sanamente la identidad y entidad propia. 

3. Consciencia

De sí, como totalidad y en relación con el mundo, con claridad plena de los procesos propios que le movilizan en el presente, aquí y ahora, para luego, conocer y reconocer la experiencia de otres, dejarse afectar, en el buen sentido del afecto (amor, cariño) de manera sana y en justa intensidad. Capaz de aprender de las experiencias de otres, identificar cómo le movilizan y disponer de las más idóneas herramientas, fortalezas, así como del soporte sororal de su red para volver al equilibrio y la armonía.

Dar cuenta de sus propios prejuicios y preconcepciones por experiencias previas, teorías, objetivos y valores personales o colectivos, para asumirlos y ponerlos en pausa durante el acompañamiento, con conocimiento y medida real de lo que podemos hacer y lo que el medio nos ofrece para avanzar.

4. Formación

Para adquirir conocimiento de las herramientas, protocolos y normativas necesarios para guiar los procesos de la gestión de casos en toda la ruta, tanto de denuncia como de salida del ciclo violento; así como los procedimientos psicológicos y legales, y remitir a las unidades, organizaciones y personas especialistas, según el caso. 

Comprender acerca del orden social, historia, características y relaciones de dominación que originan la violencia y que, como entorno, influencian pero no determinan la totalidad de la existencia; así como de las propuestas feministas que resisten, superan, transforman y construyen otros modos de ser, estar y existir en el mundo, sin pretensión de “convertir” o explotar a la persona a favor de una causa, sino para dar soporte cultural al mundo de relaciones humanas en el que nos desenvolvemos como acompañantes para apreciar cómo ve y vive ese, nuestro mundo, la persona a quien acompañamos. 

La sensibilización oportuna respecto de aquello que sostiene las relaciones violentas permite dar cuenta de los factores externos. Las organizaciones feministas tenemos motivos políticos a este respecto; el acompañamiento amoroso es una práctica coherente con estos, no un medio para alcanzarlos.

Es menester tener en cuenta que los procesos de transformación suelen requerir etapas de destrucción psíquica, no autodestructiva, del pasado no deseado y del contexto social que lo soporta, así como de la ansiedad que provoca moverse hacia el cambio, hacia lo nuevo, para renovarse.

5. Observación activa

Con todos los sentidos, en capacidad de identificar el carácter único y total de cada persona, así como las potencialidades de los aspectos sanos, aún en dinámicas discursivas y corporales que se muestran como contradictorias, para fortalecer dichos aspectos desde el principio de la no intervención.

Apreciar cómo las personas se comunican con las palabras y con otras manifestaciones intencionales no verbales, que den cuenta de diferencias claves y contradictorias entre lo que se dice y cómo lo dice, evidenciando aquello no reconocido por la otra persona y develarselo si es preciso y oportuno para dar totalidad al relato, entendiendo que nada es definitivo.

Repasar constantemente aquello que no estamos viendo y que damos por obvio y supuesto; en paz con aquello que no nos es evidente y no fuimos capaces de observar, sin culpa.

Con sentido de la oportunidad y pertinencia para preguntar, intervenir, contextualizar y validar con la persona lo escuchado, lo que precisa brindar silencios oportunos, transiciones sutiles; y aprovechar los elementos que sobrevengan en el relato para dar continuidad y avanzar.

CADA PERSONA ES ÚNICA, CADA MOMENTO IRREPETIBLE

6. Respeto

Por el espacio y tiempo psicológico de las otras personas. No Juzga. No presiona. No interpreta. No explica con porques la experiencia de la otra persona. No aconseja. 

Respeta los puntos de vista; informa, guía y acompaña, sin pretensión de querer cambiar a las otras personas y así lo comunica a quien acompaña, invitando a que narre sin temor de ser juzgada, sin obviar detalles por considerarlos desagradables o, en primera apariencia, irrelevantes.

No encasilla, ni invita a la inmovilización, tampoco induce una alteración o decisión que no se esté en capacidad de manejar. 

Los contactos de acompañamiento no son sesiones pscioterapeúticas. Se debe estar preparada para identificar cuando se requiere una atención especializada.

7. Interés genuino 

Con contacto activo, “no como algo que se nos da naturalmente ni como rutina”.

Abierta a la novedad, invitando a la descripción, dejando fuera los supuestos.

Sin pretensión de objetividad ni neutralidad, dejándose afectar por la experiencia, disciplinada y metódicamente, en equilibrio con lo espontáneo. Consciente que su realidad será afectada por la interacción con el mundo y la realidad de las otras personas.

Con actitud de permeabilidad que permita dar relevancia a todos los datos que se nos brindan, sin filtros por pre- juicio.

Da relevancia a los “QUÉ”, que describen la situación y a los “CÓMO” vivencia la persona la experiencia (en la voz, el cuerpo), tal y como se nos muestra, sin deformarla con interpretaciones sesgadas; para decidir “CUÁNDO” proponer, informar y guiar, contemplando y reconociendo en silencio las diferencias de nuestra forma de apreciar el mismo hecho, dando preponderancia a lo obvio y no al juicio o la sospecha.

Capaz de identificar los anhelos sanos, únicos de cada quien, “estar tranquila”, “no tener miedo”, “tener coraje”, para guiar desde ahí.

Lo presente por sobre lo que fue, será, podría o debiera ser.

Con entrega sincera y autenticidad, ser un modelo para quien se acompaña, desde la congruencia “hago lo que digo”.

AUTENTICIDAD SELECTIVA / ESPONTANEIDAD NO IMPULSIVA

8. Disciplina

Con las estrategias valores, principios, métodos y protocolos que rigen el acompañamiento.

Organizada para, desde la sensibilidad, empatía y amor que acompaña, dar pautas a lo largo del proceso; ser capaz de hilar el relato, los discursos, haciendo los registros oportunos.

9. Motivación 

Hacia sus objetivos individuales, colectivos y sociales.

Interdependiente. Autorealizada con soporte social.

10. Compromiso 

Con cada momento de contacto y durante el acompañamiento a lo largo de toda la ruta.

Dar cuenta del proceso de dependencia que puede generarse al acompañar y ser capaz de identificar y elegir alternativas en las que se facilite a las personas el proceder de manera interdependiente.

ASÍ ACOMPAÑAMOS AMOROSAMENTE.

 

Nathalia M González Ojeda

Tinta Violeta

Octubre 2020