Los feminismos que me definen

Hoy en día y al modo de ver de esta escritora, las feministas hemos trascendido las parcelas de las diferentes formas de entender el feminismo. Puede que respondamos a cierta tendencia de pensamiento. Las mías: la anarca, la de la diferencia, la postgénero, la popular, la interseccional. Todas ellas relacionadas entre sí. Algunas, algunos y algunes dirán, no sin razón, ¡pero qué pasticho es este! Este artículo va de comenzar a explicar mi lasaña mental.

Antes de los años 60, antes de que las mujeres levantáramos la bandera de “lo personal es político”, el feminismo que más se veía era sin duda, el feminismo de la igualdad, con las sufragistas por un lado y las trabajadoras y sus reivindicaciones por el otro, pero llegó el momento del cambio, del cambio de paradigmas, al que se acercaron antes de tiempo Emma Goldman, la Votarina, las mujeres libres en España y la revista “Voz de la mujer” con su hermoso slogan “Ni dios, ni patrón, ni marido”, todas ellas anarquistas.

Mas hete aquí, que las chicas que salieron a la calle contra la guerra de Vietnam, las que alzaron adoquines en el Mayo Francés, las mujeres de nuestroamérica que desde la clandestinidad se enfrentaban a dictaduras cruentas y asesinas, y un poco antes las que se pusieron de frente a los tanques soviéticos en Checoslovaquia. Todas ellas cayeron un día en cuenta de que ni eran ni querían ser iguales a los hombres, se reivindicaban mujeres y no hombres sin pene, como tristemente nos intentaran tildar desde la psicología. mujeres con pensamientos propios que no deseaban ser parte de la destrucción del mundo. Reconocieron sus úteros como hermosas vasijas de poder y las faldas cortas, largas, con volados o sin ellos como una forma de vestirse y diferenciarse, y se quitaron los corpiños, sostenes para nuestro país, liberando sus senos de las varillas de la opresión.

Además, hicimos de la academia uno de los cuartos que habitamos en nuestra lucha,  proliferaron sociólogas, filósofas, psicológas, antropólogas y hasta lingüistas que empezaron a pensar el feminismo teóricamente desde otro lugar. Y aunque las han tildado de burguesas y privilegiadas, mucho es el aporte que han dado desde la teoría feminista al feminismo de la calle, han puesto en sendos escritos lo que en la calle hemos ido luchando tanto en la cotidianidad como en la reivindicación concreta, ambos espacios de lucha de las mujeres contra el patriarcado que nos oprime. Estas mujeres parieron el feminismo radical: Ir a la raíz de la opresión que sufrimos.

Sería por los años 70 que desde América Latina surgen una serie de movimientos feministas barriales, con una fuerte conexión con la organización comunitaria que delinean lo que hoy llamamos “Feminismo Popular”, su principal expresión en Venezuela fueron los “Círculos Femeninos Populares” con la lideresa Juanita Delgado a la cabeza. En EE.UU., Francia, España e Italia se reúnen a pensarse el feminismo mujeres como Annie Leclerc y Luce Irigaray en Francia; Carla Lonzi en Italia; y Victoria Sendón de León en España, del que nace este  lema “ser mujer es hermoso”.Del Feminismo Popular escribiría una de sus principales propulsoras en nuestramerica: Claudia Korol de Pañuelos en Rebeldía de Argentina.

A pesar de la ofensiva conservadora que conmueve este tiempo, arrasando conquistas de los pueblos, contagiando cólera y rabia en los corazones, hay un aquelarre subterráneo, un movimiento de conciencia histórica que crece, se «encuerpa» desde la memoria, y cambia –nos cambia– la vida cotidiana. Me refiero a la irrupción en la política de colectivas de acción, pensamiento, sentimientos, sueños, que asumimos el feminismo como una propuesta que desafía a las múltiples opresiones producidas por el capitalismo colonial y patriarcal. Feminismos indígenas, campesinos, barriales, de trabajadoras de doble y triple jornada. Feminismos de sujetas no sujetadas, que respondemos colectivamente a los desafíos de la sobrevivencia y vamos haciendo realidad la propuesta: «si tocan a una, tocan a todas».

Y yo, feminista confesa y siempre esperando mi tiempo de ser convicta comparto esta visión creadora que manifiesta Claudia en su escrito “Feminismos populares – Las brujas necesarias en los tiempos de cólera”.

Ahora bien, parece que hasta ahora es poco lo aclarado sobre este oscuro deseo que son los feminismos que me definen. Trataré de ser más clara si es que puedo. Nada prometo.

Victoria Sendón de León en su escrito “¿Qué es el Feminismo de la Diferencia – Una Visión muy Personal”, lo define a través de 13 axiomas:

1º) El feminismo de la diferencia no es opuesto al de la igualdad, porque no son contrarios conceptualmente.

2º) El objetivo de este feminismo es la transformación del mundo desde el cambio de vida de las mujeres.

3º) El punto de partida, tanto estratégico como epistemológico, radica en la diferencia sexual.

4º) Nuestra diferencia sexual respecto de los varones no constituye un esencialismo que nos hace idénticas, sino diversas.

5º) Nuestro propósito no consiste en ser iguales a los hombres, sino en cuestionar el código secreto de un orden patriarcal que convierte las diferencias en desigualdades.

6º) Los cambios estructurales y legislativos pueden ser un punto de partida, pero no de llegada.

7º) Crear orden simbólico significa introducir la variable de la diferencia sexual en todos los ámbitos de la vida, del pensamiento, de la política. La variable no es el género, que es un sexo colonizado, sino la diferencia.

8º) La complicidad y solidaridad entre las mujeres constituye nuestro bagaje político más poderoso.

9º) La lucha por el poder comienza en la autosignificación, la autoridad femenina y el empoderamiento de espacios creados por las propias mujeres.

10º) El objetivo del poder no consiste en conseguir “cargos” para las mujeres, sino en lograr una representatividad sustantiva, y no abstracta, propia del sujeto universal y neutro.

11º) El feminismo de la diferencia es una ética fundada en valores que nosotras tendremos que ir definiendo.

12º) El pensamiento de la diferencia sustituye la lógica binaria por la lógica analógica, que tiene que ver con la vida y no con conceptos interesados que la sustituyen.

13º) El feminismo de la diferencia no es una meta, sino un camino provisional. No es un dogma, sino una búsqueda. No es una doctrina sectaria, sino una experiencia al hilo de la vidaYa dicho de forma tan clara por la filósofa española qué es y no es el feminismo de la diferencia, sólo me resta acotar, que lo soy más por un cúmulo de saberes que por un conocimiento. A mi modo de ver, no me interesa para nada dejar pasar mi vida intentando igualarme con alguien que no soy, y además para nada deseo contribuir en seguir delineando un mundo plagado de desigualdades donde ser mujer es más peligroso para la vida que ser soldado en una guerra.

Dicho esto, volvemos a la década de los 60, esa que me hubiera gustado vivir. Es en ese momento histórico en el que el mundo por primera vez hace cuenta de muchas voces, entre ellas la de las mujeres que se abanderan desde el feminismo negro. Diría Angela Davis, una de sus principales lideresas en EE.UU.

Los enfoques feministas nos hacen pensar en cosas juntas que están separadas ideológicamente. ¿Por qué pudimos pensar que sería posible lograr la liberación de las mujeres dejando atrás a las mujeres indígenas, a las mujeres latinas, las mujeres islámicas, las mujeres asiáticas?

En Venezuela se alzará también la voz de una gran feminista afrodescendiente. La insigne Argelia Laya. Pero bueno, vayamos a la sustancia.

Es a través de las luchas de las mujeres negras, las indígenas, las populares y las discapacitadas que se reconocen oprimidas por el machismo, pero también por otras formas de dominación como el racismo, la xenofobia, la homofobia, la transfobia, el clasismo, y pare usted de contar, que la abogada especializada en género y etnia, Kimberlé Crenshaw, acuña y define bajo la categoría de interseccionalidad, como una nueva forma de lucha feminista en 1989, término que sirve para aglutinar esta superposición de problemáticas, dentro de un artículo publicado por la Universidad de Chicago.

Por mucho tiempo las feministas hemos posicionado la idea del patriarcado como la de un sistema de opresión que ejercen el conjunto de los hombres sobre el conjunto de las mujeres, pero no por cualquier hombre, que aunque todos ellos se benefician de la desigualdad entre hombres y mujeres, la sociedad patriarcal está estructurada en función de privilegiar a unos en particular, y estos son: los hombres blancos, ricos, heterosexuales y profesionales, de entre 25 y 60 años. A medida que lo que somos nos aleja de ellos, en esa medida nuestra posición en la sociedad será peor. Es decir, si eres mujer, pobre, negra, sólo terminaste la primaria, eres lesbiana, ama de casa y tienes 70 años, permíteme decirte que estás en lo más bajo de la escala social. Es por ello que es necesario que los feminismos sean interseccionales, para desde allí poder plantarnos con la finalidad de acabar con todas las formas de opresión que nos cruzan y son sostenidos por el sistema patriarcal.

En definitiva,  los grupos dominantes organizan estrategias de poder (conscientes o no) para preservar su posición de supremacía. Por lo tanto, debemos nosotras organizarnos para acabar con las discriminaciones múltiples que nos cruzan y son sostenidas por las vidas de nuestras hermanas, discriminaciones que nacen de privilegios que tienen unos y que se oponen a nuestro sueño de ser libres.

Quisiera culminar diciendo que el objetivo último de los feminismos es ser felices, es un mundo menos violento, es reconocernos diferentes y respetarnos desde ahí. Y muchas cosas más de las que hablaremos más en la siguiente entrega. Apapacho.

Daniella Inojosa

Tinta Violeta

Septiembre 2020