Nos llaman en clave violeta

Nos llaman en clave violeta

El coronavirus nos mandó a la cuarentena. Mujeres de todo el mundo se ven sumidas en el trabajo doméstico obligatorio. Otras, ¿las mismas? Habitan 24 horas de los 7 días de la semana con sus agresores.

Encerradas entre cuatro paredes estamos las que disfrutamos de espacio suficiente, las que más,  tenemos que adaptarnos a transitar junto a otres en minúsculos cubículos que otrora servían si acaso como dormitorio, todos son hoy, los espacios únicos para el desarrollo de la vida. El confinamiento acrecienta las desigualdades.

Pero esto no va de las diferencias de clase, ni de las inequidades  creadas por el capitalismo salvaje,  que nos oprime hasta en los países socialistas. Esto va del sufrimiento de mi hermana, del de mi hija, del de mi prima. Del sufrimiento histórico que se manifiesta en cada hogar. Va de la lucha cotidiana por mantenerse con vida de cada mujer, esa que intenta por todos los medios  no molestar al señor de mano suelta que perfila contra ella sus rabias, su machismo, sus frustraciones. Va de aquella que nos llama a las 6 a.m. «porque el monstruo aún duerme». Esa que calladito me dice: ¿Estoy hablando con Tinta Violeta? A la que le respondo aún dormida: Hola ¿necesitas ayuda? Hablo de la que suspira cuando escucha la palabra ayuda como si escuchara la 9na de Beethoven por primera vez.

Ella está sola, esta mañana está sola. Ella, que a veces es María, y otras Juana. De ella quiero  hablarles.  Porque nos llama hablando pasito y queremos oírla en estéreo. Así, en voz inaudible, comienza mi alianza con esa mujer que al otro lado del teléfono me cuenta sus pesares. Le informo, la reconforto, imagino su rostro mientras dice  palabras como pegar, sangre, puta; la sueño con la sonrisa que quiero que tenga, esa que hoy es llanto; la escucho relatándome su historia de violencia. Todas las cadenas del mundo caen sobre sus hombros.

Están las veces que está decidida a salir del círculo, el que es más bien una rueda que la pisotea una y otra vez;  otras veces, el miedo se ha instalado en su alma y perdida llora del otro lado, porque no encuentra una salida.

Así empieza el acompañamiento amoroso.

Estoy cansada.  Suena y suena mi teléfono. Suena. Cada vez que lo escucho, lo que escucho son las notas violeta de la vida. Al otro lado una mujer de cualquier color. Con hijes o sin elles. Pobre o rica. Chavista u opositora. De pelo largo o corto llama llena de esperanza.

Desde aquí, te decimos hermana, nosotras te creemos.

Daniella Inojosa

Tinta Violeta