Maltratadores aprovechan el Coronavirus para agredir a sus víctimas

Con la cuarentena como escenario perfecto muchos agresores venezolanos se envalentonan para intimidar, acosar y agredir a quien consideran su presa, cuarenta días es una bomba de tiempo que nos muestra un repunte en la violencia machista. Es por ello que se hace urgente que las instituciones habiliten casas de abrigo, campañas de concientización y líneas de emergencia las 24 horas del día.

El coronavirus llegó a Venezuela y con él no solo el miedo de las consecuencias propias de esta pandemia, sino el pánico a estar encerradas con su perpetrador. Esa proximidad espacial le impide a la víctima solicitar ayuda oportuna ya que está completamente vigilada, es una situación que la coloca en un estado de indefensión como nunca, debido a que son pocas las acciones que puede ejecutar en pro de su bienestar.

Si bien es cierto que las fiscalías en Caracas especializadas para la defensa de la mujer están laborando y que se encuentra disponible el siguiente número telefónico (+58 212-509-86-84) también es cierto que para el momento de esta nota se hicieron varias llamadas y sencillamente no hubo respuesta. Una vez más nos preguntamos ¿Qué esperan las autoridades para activar un plan de contingencia que minimice los 21 tipos de violencia de género previstas en la ley?

Este contexto desnuda la falta de políticas públicas tan necesarias para  prevenir, atacar y erradicar esta plaga y por eso que hacemos un llamado inaplazable a las autoridades a ponerse al frente ante esta crisis donde cada minuto cuenta. ¡No podemos dejarlas solas! hoy más que nunca nos necesitan, de no hacerlo nos convertimos en cómplices de este delito.

Reflexiones en medio de esta pandemia

Esta cuarentena colectiva, por demás obligatoria, nos tiene que permitir ser conscientes que como sociedad la bandera del egoísmo y la consigna neoliberal del “sálvese quien pueda”, erróneamente asociada a la teoría darwiniana de “la supervivencia del más apto” no es el camino, muy por el contrario, el Covid-19 llegó para que nos diéramos cuenta, no solo en Venezuela sino en el mundo entero, que todos sin excepción somos vulnerables, indistintamente de nuestra raza, posición política, credo, orientación sexual y que hace rato habíamos perdido el foco e invertido todos nuestros valores. Hoy se hace perentorio retomar el camino hace una sociedad más justa, más humana, dejando de lados las etiquetas, los prejuicios y ser solidarios con quien nos necesite, pero sobre todo con estas niñas y mujeres que actualmente se encuentran en una encrucijada que para muchas de ellas puede ser mortal.

No seamos indiferentes ante este flagelo llamado #ViolenciaMachista, no es un tema solo de las autoridades, de las organizaciones feministas o de las y los defensores de los Derechos Humanos, es un problema de todes. Y por ende las soluciones también están en manos de cada de nosotres.

Por ejemplo, en el caso de la organización feminista Tinta Violeta, donde hemos desarrollado desde el año 2019 un programa de acompañamiento amoroso para niñas y mujeres víctimas de violencia de género, solo para el primer trimestre del 2020 contabilizamos 35 casos, es decir, en esta cuarentena nosotras como gestoras de casos nos enfrentamos a la dificultad de poder hacer el seguimiento de cada una de ellas, ya que la mayoría está bajo el techo de su agresor y no podemos exponerlas a que nos comenten cómo se sienten sin que represente un peligro para sus vidas, pudiendo ser descubiertas por una llamada o un mensaje de texto que podría ponerlas en alto riesgo.

Acciones sencillas pueden salvar vidas

Desde nuestro espacio de lucha proponemos que se activen protocolos en clave donde consigamos saber de ellas sin ponerlas en riesgo.

Asimismo, exigimos a las autoridades competentes cumplan con su función, que no es otra que protegerlas.

Le pedimos a la ciudadanía que si ven, escuchan o conocen de un caso de violencia machista no duden en llamar a las autoridades o las organizaciones que velan por estos derechos.

Por otro lado, instamos a los medios de comunicación a no olvidar estas víctimas de violencia de género una campaña de concientización puede ayudar a que no se propague aún más esta situación.

Finalmente, recordemos que con tapa bocas, guantes y una buena higiene en casa podemos detener el Covid-19. Pero la violencia contra las mujeres en esta cuarentena es una bomba de tiempo mucha más peligrosa que el Coronavirus.

Orlanis Barreto

Periodista / Defensora DDHH

@Orlanis_inspira

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Datos de interés / Ante la cuarentena que hacer:

Sí eres víctima ¡resiste! aunque parezca #NoEstásSola si tienes acceso a un servicio telefónico y no tienes cerca a tú perpetrador comunícate con nosotrxs a través de:

0800 (MUJERES) 0800-685- 37-37 

*122  (Movilnet)

 (+58.212) 860-82-10 al 19. Instituto Nacional de la Mujer (InaMujer)

(+58 212) 509-86-84 Unidad de Atención a la Víctima

(+58 212) 416-31-16 y (+58 212) 416-31-18

#DenunciaAlMaltratador #ViolenciaDeGénero #Convid-19 #Coronavirus #Venezuela #EmergenciaFeminista

¿Las protagonistas de la revolución?

En distintos espacios de debate político informal, así como en artículos de opinión y otras formas escritas de producción de conocimiento, se ha repetido la idea de que las mujeres en la revolución bolivariana somos protagonistas de los procesos políticos. Esta aseveración se hace con una contundencia que pareciera no tener lugar a dudas, como si fuese un hecho concreto, algo palpable y por demás que puede ser percibido por cualquiera en el país. Para apoyar esta tesis se suele argumentar que en las estructuras del Poder Popular UBCH, CLAP, Consejos Comunales, el porcentaje de participación de las mujeres es muy superior a la participación masculina, y cuando no, están más o menos pares en número. Este dato, cierto o no, es la base sobre la que se monta la aseveración anterior: “las mujeres son protagonistas en nuestra revolución”. Ahora, yo me pregunto ¿es eso realmente cierto? No pongo en duda la cantidad de participación femenina, eso, me parece, que sí es más o menos indiscutible, sin embargo, ¿esa participación de base significa automáticamente que estamos “protagonizando” un movimiento político nacional?

Pongámoslo en contexto. En una empresa trabajan 150 trabajadores, quienes son los encargados de motorizar todos y cada uno de los procesos, llevando nómina, cargando cajas, escribiendo reportes, realizando análisis, haciendo entrevistas. Por su parte, los jefes, 3 socios mayoritarios, se encargan de pagar los salarios más los otros gastos asociados a la empresa y son los que toman las decisiones que afectan directamente el futuro inmediato de las 150 personas que laburan en esa compañía. En este esquema ¿se podría decir que los trabajadores son protagonistas de la empresa? ¿Qué ellos son, de hecho, quienes tienen la batuta a la hora de tomar decisiones?

Otro ejemplo: Cuando las mujeres gringas y europeas salieron a las calles masivamente a ocupar los cargos dejados por los hombres durante los conflictos mundiales que afectaron la primera mitad del siglo XX, la propaganda global hablaba de emancipación e igualdad al ser las mujeres quienes se encargaran de tareas tradicionalmente asociadas a los hombres. Se le llamó revolución, y con ello aparecieron carteles y poster de mujeres “empoderadas” vestidas con bragas de trabajo y demás. Cierto es que posterior a ese periodo las mujeres se dieron cuenta de que sus habilidades eran tan buenas como las masculinas y que por ende debían recibir la misma remuneración (una lucha que sigue vigente), sin embargo, esta “revolución” creó otro fenómeno, ahora conocido como “la doble jornada laboral”. ¿Qué significa esto? Que las mujeres, ahora no solo tenían que atender el hogar, los hijos, a los enfermos y los ancianos de sus familias, sino que también tenían que salir a trabajar a la calle, realizando funciones “productivas”, pero sin que esto significara que en el hogar su carga fuese menor, es decir, se le agregó responsabilidad.

Con el ejemplo anterior lo que quiero demostrar es que, si no se modifica la estructura cultural desde la raíz, los cambios que se vayan generando seguirán siendo superficiales y de bajo impacto para la vida de quienes las políticas públicas pretenden ayudar. Un diseño de proyecto que no contemple mejoras en la salud, el transporte, la alimentación, la seguridad, la remuneración económica, la vida política asamblearia, la toma de decisiones colectivas y el protagonismo político será frívolo y por ende fútil para la finalidad real, que las mujeres tomen las riendas políticas de sus vidas y puedan influir de forma directa en la manera en la que se diseñan los proyectos que afectan sus vidas.

Esta discusión se hermana un poco con otra que tuvimos en el país hace unos pocos años, la paridad política. ¿Es paridad política tener a la misma cantidad de mujeres que hombres en un espacio parlamentario? ¿Es eso suficiente para considerar que se ha hecho algo “a favor de las mujeres”? Sería tan ingenuo como decir que porque Obama fue presidente los negros en Estados Unidos ya no son perseguidos por razón de su raza, o porque Bachelet fue presidenta de Chile se acabó el machismo en el país sureño.

Las mujeres en la revolución sí han sido un factor fundamental de movilización, protección y logística en los espacios del Poder Popular, son ellas quienes motorizan muchas veces a sus comunidades, quienes organizan las estructuras, quienes se quedan hasta altas horas de la noche sacando las cuentas para pagarles al camión del CLAP y quienes se comunican con el resto de los habitantes de su sector para que se organicen en las jornadas que se realizan, pero ¿significa esto que, mientras ellas están en esos menesteres hay alguien ocupándose de sus chamos, haciendo la comida, limpiando la casa, cuidando al enfermo, colgando la ropa y administrando los realitos para el mercado del domingo? ¿O es que además de trabajar en la calle y trabajar en la casa ahora también tienen que trabajar para la comunidad? Ciertamente muchas lo hacen de buena gana, lo hacen porque creen, lo hacen por Chávez, por su comunidad, por la revolución, eso nadie lo pone en duda, lo que yo me pregunto es lo siguiente ¿está bien utilizar ese amor, esa entrega, como artificio discursivo para decir que las mujeres son protagonistas de procesos en los que ellas no toman ninguna decisión real ni tienen injerencia en su diseño? ¿Se les ha preguntado si ellas preferirían avena en vez de leche mexicana en las cajas? ¿Se les ha preguntado si les llegan los productos de higiene y cuáles productos necesitan ellas de forma diferenciada? ¿Alguien sabe el estado de salud de esas mujeres entregadas a estas estructuras? En mi Consejo Comunal no. “La estructura” informa, con un par de días de antelación, que van a llegar, les entregan “lo que hay” y con la misma se van. Entonces, yo me pregunto ¿las mujeres somos realmente protagonistas de la revolución? Es hora de dar el debate.

Victoria Alen

Tinta Violeta