3 Películas lésbicas aclamadas por la crítica para celebrar este 26 de abril + bonus

Cada año aumentan la cantidad de películas que visibilizan el amor desde un punto de vista no heterosexual, muchas han pasado desapercibidas pero otras se quedan para convertirse en clásicos. Les dejamos esta selección de tres películas que fueron muy bien recibidas por la crítica especializada (y que formaron parte de pequeñas o grandes polémicas) y aparte un regalo en forma de recomendación de otras cuatro películas que quizás desconozcas pero que son una calidad inigualable.

Carol (2015)

Protagonizada por Cate Blanchett y Rooney Mara este largometraje ambientado en los años 50 nos narra la historia de dos mujeres pertenecientes a clases sociales diferentes que tras un encuentro casual terminan entablando una amistad que se transforma en romance. La crítica en general ha llenado de alabanzas a esta película, no solo por el desarrollo impecable del romance sino por las fabulosas actuaciones de las actrices en los roles principales. Carol no estuvo exenta de polémica, ya que cuando la película salió solo obtuvo 8 nominaciones a los Óscar, siendo que la calidad de la película merecía más, muchos críticos llegaron a la conclusión que el hecho de que la historia se basara en una relación lésbica la afectó en los premios, gracias a la mirada conservadora que todavía reina en Hollywood.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=VNKkrlOz_OA

La vida de Adele (2013)

Premiada con la Palma de Oro en Cannes en el año 2013 esta película ha pasado a convertirse en un ícono de la cinematografía lésbica. La historia de amor de Emma y Adéle, el despertar sexual, los prejuicios y sus conflictos tanto internos como externos son el centro de este largometraje. La película estuvo envuelta en grandes polémicas, como la crítica de muchos movimientos sexo diversos y feministas de que el filme está hipersexualizado a través de la mirada masculina de su director, Abdellatif Kechiche. También hubo controversia por las escenas abiertamente sexuales y explícitas, y al mismo tiempo por las quejas que presentaron las actrices principales sobre los malos tratos del director durante el rodaje. Este filme está basado en un comic titulado «El azul es un color cálido» de la historietista francesa Julie Maroh, quien por cierto, tampoco quedó satisfecha con la adaptación de su cómic a la gran pantalla.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=BEgIflNyQfY

Disobedience (2017)

Esta cinta es una adaptación de la novela homónima de la escritora Naomi Alderman. Dirigida por Sebastián Lelio, el mismo director de la ganadora del Óscar como mejor película extranjera «Una mujer fantástica», y protagonizada por Rachel Weisz (quien además fue la de la idea de adaptar la novela a la gran pantalla) y Rachel McAdams. La historia nos lleva de paseo a través de una ortodoxa comunidad judía londinense, de la que Ronit (Weisz) huye en su juventud y a la que tiene que volver tras la muerte de su padre, un rabino muy respetado. Una vez de vuelta retoma contacto con sus amistades de infancia, Dovid (Alessandre Nivola) y Esti (Rachel McAdams) con quien luego sabemos que tuvo un romance intenso en su adolescencia. La cinta fue muy bien recibida por la crítica, no solo por las interpretaciones sino por la representación de una sociedad que pocas veces es retratada en la pantalla grande.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=S6_ZM3mevm0

BONUS

Acá te dejamos otras 4 excelentes películas lésbicas no tan conocidas por el público general

Bound (1996)

Las hermanas Wachowski debutan como directoras con este suspense de 108 minutos en el que Corky (Gina Gershon) y Violet (Jennifer Tilly) nos llevan de la mano entre sobresaltos y laberínticos cambios de trama que te mantendrán frente a tu pantalla de principio a fin. Con una exquisita dirección de fotografía y actuaciones impecables, Bound es una cinta que vale mucho la pena ver en más de una ocasión.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=WWbrqgfo0MY

Fried Green Tomatoes (1991)

La historia se sitúa al sur de los Estados Unidos en los años 20. Las protagonistas indiscutibles son Idgie y Ruth, a través de quienes vamos conociendo al resto de los personajes y el contexto político de la época, que dibuja sin edulcorantes el racismo galopante, la marcada situación de pobreza de muchos habitantes y el conservadurismo respecto a las mujeres para ese momento. La historia de amor entre las protagonistas está dibujada de forma sutil en la película (mucho más abierta en el libro) debido a la época en la que fue filmada (principios de los noventas) sin embargo, la ternura entre ellas traspasa el subtexto y llena la pantalla toda. La fuerza de estos dos personajes femeninos y la excelente construcción del resto de las historias hace de Fried Green Tomatoes un clásico imperdible para volver a él cada cierto tiempo.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=QPtfJbmsP4s

The handmaiden (2016)

Basada en la novela Fingersmith de la escritora británica Sara Waters nos llega este thriller de suspenso intrigante y muy ingenioso creada por Par Chan-wook, el ilustre director coreano de la maravillosa y mítica Old boy; utilizando toda la creatividad a la que nos tiene acostumbrados The Handmaiden es una historia que te atrapa desde el minuto 1. Sook-hee, una estafadora de poca monta, es contratada por un falsificador para que se haga pasar por la criada de una doncella adinerada, así esta podrá hablar bien del falsificador (que se hace pasar por un conde) y lograr convencerla de que se case con él. Contar cualquier otra cosa es incurrir en spoiler que, en esta película es un pecado mortal, así que solo diremos que es una cinta altamente recomendada llena de giros inesperados.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=R-lTE4zYwfw&feature=emb_logo

Professor Marston and the Wonder women (2017)

Esta historia biográfica ubicada en los años 30 nos cuenta la vida del creador del mítico personaje de cómics La mujer maravilla. Un ingenioso profesor de psicología con su aún más brillante esposa y profesora que caen perdidamente enamorados de una estudiante y cuyo romance los llevará por caminos complejos.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=op48lIL1XOo

¿Las protagonistas de la revolución?

En distintos espacios de debate político informal, así como en artículos de opinión y otras formas escritas de producción de conocimiento, se ha repetido la idea de que las mujeres en la revolución bolivariana somos protagonistas de los procesos políticos. Esta aseveración se hace con una contundencia que pareciera no tener lugar a dudas, como si fuese un hecho concreto, algo palpable y por demás que puede ser percibido por cualquiera en el país. Para apoyar esta tesis se suele argumentar que en las estructuras del Poder Popular UBCH, CLAP, Consejos Comunales, el porcentaje de participación de las mujeres es muy superior a la participación masculina, y cuando no, están más o menos pares en número. Este dato, cierto o no, es la base sobre la que se monta la aseveración anterior: “las mujeres son protagonistas en nuestra revolución”. Ahora, yo me pregunto ¿es eso realmente cierto? No pongo en duda la cantidad de participación femenina, eso, me parece, que sí es más o menos indiscutible, sin embargo, ¿esa participación de base significa automáticamente que estamos “protagonizando” un movimiento político nacional?

Pongámoslo en contexto. En una empresa trabajan 150 trabajadores, quienes son los encargados de motorizar todos y cada uno de los procesos, llevando nómina, cargando cajas, escribiendo reportes, realizando análisis, haciendo entrevistas. Por su parte, los jefes, 3 socios mayoritarios, se encargan de pagar los salarios más los otros gastos asociados a la empresa y son los que toman las decisiones que afectan directamente el futuro inmediato de las 150 personas que laburan en esa compañía. En este esquema ¿se podría decir que los trabajadores son protagonistas de la empresa? ¿Qué ellos son, de hecho, quienes tienen la batuta a la hora de tomar decisiones?

Otro ejemplo: Cuando las mujeres gringas y europeas salieron a las calles masivamente a ocupar los cargos dejados por los hombres durante los conflictos mundiales que afectaron la primera mitad del siglo XX, la propaganda global hablaba de emancipación e igualdad al ser las mujeres quienes se encargaran de tareas tradicionalmente asociadas a los hombres. Se le llamó revolución, y con ello aparecieron carteles y poster de mujeres “empoderadas” vestidas con bragas de trabajo y demás. Cierto es que posterior a ese periodo las mujeres se dieron cuenta de que sus habilidades eran tan buenas como las masculinas y que por ende debían recibir la misma remuneración (una lucha que sigue vigente), sin embargo, esta “revolución” creó otro fenómeno, ahora conocido como “la doble jornada laboral”. ¿Qué significa esto? Que las mujeres, ahora no solo tenían que atender el hogar, los hijos, a los enfermos y los ancianos de sus familias, sino que también tenían que salir a trabajar a la calle, realizando funciones “productivas”, pero sin que esto significara que en el hogar su carga fuese menor, es decir, se le agregó responsabilidad.

Con el ejemplo anterior lo que quiero demostrar es que, si no se modifica la estructura cultural desde la raíz, los cambios que se vayan generando seguirán siendo superficiales y de bajo impacto para la vida de quienes las políticas públicas pretenden ayudar. Un diseño de proyecto que no contemple mejoras en la salud, el transporte, la alimentación, la seguridad, la remuneración económica, la vida política asamblearia, la toma de decisiones colectivas y el protagonismo político será frívolo y por ende fútil para la finalidad real, que las mujeres tomen las riendas políticas de sus vidas y puedan influir de forma directa en la manera en la que se diseñan los proyectos que afectan sus vidas.

Esta discusión se hermana un poco con otra que tuvimos en el país hace unos pocos años, la paridad política. ¿Es paridad política tener a la misma cantidad de mujeres que hombres en un espacio parlamentario? ¿Es eso suficiente para considerar que se ha hecho algo “a favor de las mujeres”? Sería tan ingenuo como decir que porque Obama fue presidente los negros en Estados Unidos ya no son perseguidos por razón de su raza, o porque Bachelet fue presidenta de Chile se acabó el machismo en el país sureño.

Las mujeres en la revolución sí han sido un factor fundamental de movilización, protección y logística en los espacios del Poder Popular, son ellas quienes motorizan muchas veces a sus comunidades, quienes organizan las estructuras, quienes se quedan hasta altas horas de la noche sacando las cuentas para pagarles al camión del CLAP y quienes se comunican con el resto de los habitantes de su sector para que se organicen en las jornadas que se realizan, pero ¿significa esto que, mientras ellas están en esos menesteres hay alguien ocupándose de sus chamos, haciendo la comida, limpiando la casa, cuidando al enfermo, colgando la ropa y administrando los realitos para el mercado del domingo? ¿O es que además de trabajar en la calle y trabajar en la casa ahora también tienen que trabajar para la comunidad? Ciertamente muchas lo hacen de buena gana, lo hacen porque creen, lo hacen por Chávez, por su comunidad, por la revolución, eso nadie lo pone en duda, lo que yo me pregunto es lo siguiente ¿está bien utilizar ese amor, esa entrega, como artificio discursivo para decir que las mujeres son protagonistas de procesos en los que ellas no toman ninguna decisión real ni tienen injerencia en su diseño? ¿Se les ha preguntado si ellas preferirían avena en vez de leche mexicana en las cajas? ¿Se les ha preguntado si les llegan los productos de higiene y cuáles productos necesitan ellas de forma diferenciada? ¿Alguien sabe el estado de salud de esas mujeres entregadas a estas estructuras? En mi Consejo Comunal no. “La estructura” informa, con un par de días de antelación, que van a llegar, les entregan “lo que hay” y con la misma se van. Entonces, yo me pregunto ¿las mujeres somos realmente protagonistas de la revolución? Es hora de dar el debate.

Victoria Alen

Tinta Violeta