Poniéndole cuidado a los cuidados

Yo cuido

Tú te cuidas

Él se cuida

Nosotros nos cuidamos

Vosotros os cuidáis

Ellos se cuidan

Nadie me cuida

Son evidentes  los trabajos que sostienen la vida, pero ¿se reconocen? Nos han hecho creer que cuidar es un asunto de buenas intenciones, que procurar la vida de otras y otros es amor y que somos las mujeres las que estamos dotadas de una mega capacidad de amorosidad, en la que podemos sacrificarlo todo para ejercer el sagrado deber de amar. Despojando por un lado a los hombres de esa posibilidad y por otro a las mujeres  de su derecho a exigir que sea mirado el cuidado que ofrece a la sociedad como un trabajo.

El trabajo que sustenta la vida es desvalorado. Generar el bienestar físico y emocional de todos y todas las que con su trabajo permiten las múltiples dinámicas sobre la que se sostiene el sistema actual, es invisible. Todos los sistemas de medición están hechos para sostener la narrativa del sistema capitalista que va más o menos así: Si usted es empleada de forma remunerada y le produce algún bien o servicio al Estado y/o a privados (que estos reconozcan) y si adicionalmente lo que usted hace le permite a su patrono ser competitivo en los mercados, entonces usted será considerada socialmente productiva.  Palabras más o menos, si su trabajo no es monetizable, entonces usted no trabaja, usted no es productiva. A usted no la vemos “ganarse el pan con el sudor de su frente”.

Su cuerpo, testigo mudo de la vida que tiene y de las vidas que cuida, tiene varios ciclos productivos, que van desde que pare, hasta que se hace adulta mayor y le toque cuidar a los nietos, al esposo… y en el interín sus manos se van poniendo como uvitas deshidratadas. Usted no tiene sistema de remuneración por las más de 14 horas de trabajo diarias, ni pensión, ni jubilación, ni vacaciones, ni día de la trabajadora, ni estímulos, ni incentivos. Usted todo lo hace por amor. Cuidar la vida es su deber y punto. 

“Cuidar significa tener el cuerpo puesto”, dice esta afirmación de las mujeres mexicanas que desarrollan el cuidado de la vida como propuesta política y económica, frase que nos interpela de forma que nos preguntemos ¿y a nosotras quién nos cuida? ¿Quién da cuenta de la desigual distribución de las responsabilidades que conlleva el cuidado? Nuestro cuerpo, única geografía que recorrer para dar cuenta de la explotación a la que el sistema patriarcal nos somete, también ha sido dotado de herramientas discursivas para defender al propio sistema. La soberanía, como la procesión, va por dentro y el deber ser se impone en territorios intramuros, despojándonos de toda ganancia, de todo reconocimiento.

Por supuesto, sobre nosotras se levanta la retórica discursiva del deber y de la culpa: “parirás con dolor, cuidarás de tus hijos y de tu marido hasta el fin de los tiempos”. Mientras el  designio se repite In sæcula sæculorum, hasta convertirlo en un hecho cultural que es utilizado como estrategia mediática al mejor estilo de Joseph Goebbels, al mismo tiempo que la ley se hizo trampa, para que las mujeres aceptemos nuestro destino, sin rechazo, ni protesta.

Sin duda alguna el cuidado de la vida, ya sea pagado o no, ha sido invisibilizado de todo análisis económico, de las cuentas del Estado y, por consiguiente, de las políticas públicas. De vez en cuando se utiliza como slogan de campaña, pero cuando la efervescencia electoral pasa, sostener la vida vuelve  a ser algo natural.  Esto se debe en gran medida a que un porcentaje realmente alto de este trabajo es realizado por mujeres, pues se asume que es su responsabilidad, por lo cual no se ha puesto en valor apropiadamente.

Y una se pregunta: ¿Podría valorarse adecuadamente el resultado del trabajo de millones de mujeres en el mundo?, ¿podríamos saber anualmente cuánto aportamos al PIB de los países?, ¿cuántas horas mujer le dedicamos a cada jornada?, ¿cuántos millones de $ producimos o cuántos otros millones les ahorramos? Quién cuidará de nosotras, si nuestros cuerpos son materia prima y maquinaria al mismo tiempo.

Urge un mundo donde la justicia sea más que un concepto en los libros del derecho romano y que el cuidado de la vida deje de ser naturalmente una función  social asignada a las mujeres.

Nuestra conjugación de hoy debería ser: Yo te cuido, tú me cuidas, ella se cuida, nosotras y nosotros nos cuidamos.

Aracelis García

Tinta Violeta

Septiembre 2020